Los celulares están prohibidos en
muchos Centros Educativos.
La dirección de la
Escuela de Comercio 6 introdujo en su régimen de
convivencia la prohibición de los alumnos de tener
celulares dentro del establecimiento. La medida ya
generó la molestia de algunos padres y la
desobediencia de los estudiantes, precisó la
vicedirectora Norma Meza, que explicó a El
Territorio los motivos de la decisión.
“Se habla mucho del uso pedagógico del celular, pero
la verdad en la escuela trae más problemas que
soluciones. Los chicos se amenazan por celulares, se
arman peleas, se copian en los exámenes, todo esto
nos llevó a tomar esta determinación”.
La escuela realizó experiencias pedagógicas con
propuestas de trabajo en el aula, como usar las
calculadoras para los ejercicios matemáticos o la
comparación de textos en contextos lingüísticos en
lengua.
Pero sobre estos ejercicios, la docente contó que
hubo casos de estudiantes que se pasaban los
ejercicios de la evaluación de matemática desde
afuera de la institución y que también hubo robos.
“Ya explicamos a los padres que la escuela no se
hace responsable por la pérdida o el robo de un
celular, porque no podemos intervenir en todos estos
casos que se están dando y son muchos”, observó con
preocupación.
A la escuela asisten más de mil alumnos en tres
turnos y como en todas las escuelas el uso del
celular se volvió masivo en poco tiempo y los
adolescentes llevan aparatos de última tecnología
que superan los 500 pesos.
“Los adolescentes traen celulares costosos , tenemos
casos de padres que vienen a la escuela a reclamar
porque los docentes le retienen el celular en hora
de clase, y como la escuela no se hace responsable
también hay robos”.
Y agregó “hasta vino una madre con la Policía a
exigir que le devuelvan el celular que según
denunció fue sustraído en la escuela, pero es
difícil de probar y la escuela queda atrapada en
situaciones que no son las de enseñar y aprender”.
Pese a la prohibición, la docente lamentó que los
alumnos “no hacen caso” y que los padres “muchas
veces no ayudan porque sostienen que es la manera de
estar comunicados con sus hijos y avalan que traigan
a la escuela a escondidas”.
“No es capricho”
Como solución, Meza convino que los estudiantes
podrían llevar los celulares en sus mochilas y
apagados, y recién encenderlos al término de la
jornada y fuera de la escuela. “Sabemos que los
jóvenes no pueden estar sin su celular, pero
queremos que entiendan que la escuela no es el lugar
apropiado, no es un capricho es para mantener la
armonía en la escuela”.
En otros establecimientos el celular también es
punto de conflicto. La administración del Cep 5 en
el barrio A4 dijo que para evitar peleas por el
celular, se dispuso que los alumnos pueden usarlo
durante los recreos pero no en el aula.
Por su parte, desde el Ministerio de Educación se
realizan capacitaciones docentes
FUENTE:
http://www.territoriodigital.com/nota2.aspx?c=8124353311627475
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La calle que pasa por el lado norte del CELP debe su nombre a:
Altagracia Saviñón
Altagracia Zoraida Saviñón y Saviñon (Tatá), nació en Santo Domingo, el 28 de
septiembre de 1886. Sus padres fueron José Francisco Saviñón y Agueda Filomena
Saviñón Bordas.
Su existencia fue trágica, lastimosa y lúgubre, como casi toda su producción
poética. A los 38 años le sobrevino, según el doctor Antonio Zaglul, una
esquizofrenia de tipo paranoide que la sumió en la locura hasta morir
alucinando, envejecida a destiempo, enajenada en un manicomio.
A pesar de su demencia, "Violeta de la Fronda", seudónimo con que firmaba sus
obras, es considerada la introductora de El Modernismo en República
Dominicana con la obra que la inmortalizó: "Mi vaso verde"
Mi vaso verde
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Mi
vaso glauco, pálido y amado,
donde guardo mis flores predilectas,
tiene el color de las marinas algas,
tiene el color de la esperanza muerta...
Las
flores tristes, las dolientes flores
en el agua del vaso se refrescan,
y bañan sus corolas pensativas
en una blanca idealidad de perlas.
Y
luego se van lejos... se marchitan
abandonadas, pálidas, enfermas,
muy lejos del cariño de ese vaso
que es del color de la esperanza muerta.
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Y cuando sola, pensativa, herida
por la eterna nostalgia,
siento un perfume triste, moribundo,
que llega hasta mi alma...
pienso en mis pobres flores, las marchitas,
las enfermas, dolientes y olvidadas,
que antes de marchitarse se despiden
tristísimas y trágicas
de ese vaso de pálidos reflejos
que es del color de las marinas algas...
Altagracia Saviñón |
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